MATÓN WYLAŁ PIWO NA GŁOWĘ ESCOBARA, NIE WIEDZĄC, KIM JEST. DO DZIŚ TEGO ŻAŁUJE...

Una hora después, Pablo, acompañado de Rodrigo y dos guardaespaldas, tocó la puerta del humilde apartamento de Lucía Mendoza. La mujer casi se desmaya cuando vio quién estaba en su puerta. Pablo entró con naturalidad, elogió la limpieza y el orden del hogar. Aceptó un tinto que Lucía preparó con manos temblorosas. Conversaron durante 20 minutos sobre temas cotidianos, el costo de vida, la salud de ella, los recuerdos del barrio.

Antes de irse, Pablo dejó discretamente un sobre con dinero en la mesa de la cocina. Para que se compre algo bonito, señora Lucía. Y gracias por el café, estaba delicioso. Cuando Pablo se fue, Lucía abrió el sobre y encontró 2 millones de pesos, más dinero del que había visto junto en toda su vida. abrazó a su hijo llorando, sin saber si aquellas lágrimas eran de felicidad o de miedo por el mundo en el que Rodrigo se había involucrado.

Esa noche, Rodrigo reflexionó sobre lo que había presenciado. Pablo Escobar era un enigma viviente, capaz de ordenar asesinatos brutales y al mismo tiempo de hacer llorar de felicidad a una anciana pobre. era amado y temido en igual medida. Y Rodrigo, quien había comenzado como víctima de su propia estupidez, ahora era parte de aquel universo complejo y contradictorio.

Los meses pasaban y la guerra entre el cartel de Medellín, liderado por Pablo Escobar, y el cartel de Cali, encabezado por los hermanos Rodríguez Orejuela y José Santa Cruz Londoño, se intensificaba, lo que había comenzado como una rivalidad comercial, se había convertido en un conflicto sangriento que cobraba vidas semanalmente. Rodrigo, desde su posición en la organización comenzaba a sentir las repercusiones de aquella guerra.

Las medidas de seguridad se habían triplicado. Ahora había retenes constantes, cambios frecuentes de ubicación, comunicaciones codificadas. El ambiente de tensión era palpable. Gustavo le explicó la situación durante una reunión de seguridad. Los del cartel de Cali están intentando eliminar a nuestros operadores clave. Ya han matado a varios de nuestros socios en Bogotá y la costa.

Están usando tácticas diferentes a las nuestras. Sobornan policías, infiltran informantes, usan sicarios profesionales. Son más discretos, pero igual de letales. Todos debemos estar en máxima alerta. Una noche, mientras Rodrigo hacía guardia en el edificio del poblado, recibió una llamada urgente de Gustavo. Código rojo. Posible amenaza inminente en tu ubicación.

Refuerzos en camino. Mantén los ojos abiertos y no dejes entrar a nadie que no esté en la lista autorizada. Rodrigo sintió como la adrenalina inundaba su sistema. Verificó su arma. un revólver calibre 38 que llevaba en la cintura y alertó a los otros dos guardias de turno. Apagaron las luces del lobby para tener mejor visibilidad hacia el exterior.

Los minutos transcurrían con lentitud agónica. Entonces Rodrigo notó un vehículo sospechoso estacionado al otro lado de la calle. Era un Renault 9 gris con dos ocupantes que observaban el edificio. No era un carro del vecindario. Rodrigo reportó inmediatamente por radio. Vehículo sospechoso en posición norte.

Dos ocupantes masculinos. Placas no identificadas. La respuesta de Gustavo fue inmediata. No los confronten. Mantengan posiciones defensivas. Refuerzos a 2 minutos. Pero entonces sucedió algo inesperado. Del vehículo descendieron los dos hombres portando armas largas, fusiles AK47.

Comenzaron a caminar hacia el edificio con intenciones claramente hostiles. Rodrigo comprendió que no tenían 2 minutos. Tenía que actuar ahora. Todos a cubierta, gritó a sus compañeros. Justo en ese momento, los atacantes abrieron fuego contra la fachada del edificio. El sonido ensordecedor de los disparos automáticos llenó la noche.

Los cristales del lobby estallaron en mil pedazos. Rodrigo y sus compañeros respondieron al fuego desde posiciones protegidas detrás de columnas y muebles. Era la primera vez que Rodrigo participaba en un tiroteo real. El entrenamiento que había recibido se activó automáticamente. Respiraba controladamente, apuntaba con precisión, disparaba con moderación para conservar munición.

Los atacantes, sorprendidos por la respuesta armada, buscaron refugio detrás de su vehículo. El intercambio de disparos continuó durante lo que parecieron horas, pero en realidad fueron apenas 2 minutos. Entonces llegaron los refuerzos, tres vehículos con hombres fuertemente armados de la organización de Pablo.

Los atacantes, superados en número y potencia de fuego, intentaron huir, pero fueron alcanzados. Uno murió en el lugar, el otro fue capturado, herido. Cuando el silencio finalmente regresó, Rodrigo revisó su cuerpo buscando heridas. Milagrosamente, ni él ni sus compañeros habían sido alcanzados, aunque el edificio había sufrido daños considerables.

Gustavo llegó minutos después, evaluó la situación y felicitó a Rodrigo. Buen trabajo, muchacho. Mantuviste la calma y protegiste la posición. El patrón se enterará de esto. El atacante capturado fue interrogado esa misma noche bajo presión. confesó que era un sicario contratado por el cartel de Cali. Su misión era atacar propiedades de Pablo Escobar en Medellín como represalia por operaciones similares que el cartel de Medellín había realizado en Cali.

Era un ciclo interminable de violencia y venganza. Al día siguiente, Pablo visitó personalmente el edificio para evaluar los daños y hablar con el equipo de seguridad. Cuando llegó a Rodrigo, le estrechó la mano firmemente. Me dijeron que actuaste con valentía y profesionalismo. Eso es exactamente lo que espero de mi gente.

Vas a recibir un bono especial y una promoción. Necesito hombres como tú en posiciones de mayor responsabilidad. Rodrigo agradeció las palabras, pero por dentro sentía una mezcla de emociones. Había matado a un hombre esa noche, o al menos había participado en su muerte, aunque era en defensa propia y cumpliendo con su trabajo, el peso de haber quitado una vida humana comenzaba a asentarse en su conciencia.

Esa noche en su apartamento, Rodrigo no pudo dormir. Veía una y otra vez la escena del tiroteo. Se preguntaba quién había sido aquel hombre que intentó matarlo. ¿Tenía familia, hijos? ¿O era simplemente otro criminal sin escrúpulos? La línea entre el bien y el mal, que alguna vez le había parecido clara, ahora era borrosa y confusa. Su madre notó su estado de ánimo alterado. ¿Qué pasa, hijo? Te veo preocupado.

Rodrigo no podía contarle la verdad. Nada, mamá, solo cansancio del trabajo. Pero Lucía, con la intuición maternal sabía que algo más profundo estaba sucediendo. Rezó esa noche por la seguridad de su hijo, pidiendo a Dios que lo protegiera de los peligros que ella presentía, pero no comprendía completamente.

La guerra entre carteles continuaría escalando en los meses siguientes y Rodrigo se encontraría cada vez más profundamente involucrado en un conflicto que no tenía fin a la vista. A pesar de la guerra constante con el cartel de Cali y las presiones del gobierno colombiano y estadounidense, Pablo Escobar siempre encontraba tiempo para su familia. Su hija Manuela estaba por cumplir 7 años y Pablo había decidido organizar una fiesta espectacular en la Hacienda Nápoles.

Rodrigo fue seleccionado como parte del equipo de seguridad para el evento. Un honor que indicaba la confianza que Pablo había depositado en él después del incidente del tiroteo. La preparación para la fiesta comenzó con semanas de anticipación. Pablo no escatimaba en gastos cuando se trataba de sus hijos.

Contrató a los mejores animadores de Medellín. ordenó la construcción de un castillo inflable gigante. Trajo un pequeño circo completo con payasos, malabaristas y hasta un mago. Había mesas repletas de comida, lechona, tamales, empanadas, frutas tropicales y, por supuesto, una torta de cinco pisos decorada con personajes de Disney. El día de la fiesta, la Hacienda Nápoles se transformó en un parque de diversiones.

Llegaron más de 200 invitados, familiares, amigos cercanos, hijos de empleados de confianza y algunos niños de barrios pobres que Pablo había invitado personalmente. Para él era importante que su hija creciera con conciencia social, que entendiera que había niños menos afortunados.

Rodrigo observaba todo desde su posición en el perímetro de seguridad. Ver a Pablo Escobar, el hombre más buscado del mundo, jugando con niños, pintándose la cara, riendo sin preocupaciones. Era una imagen que contrastaba violentamente con la realidad de su imperio criminal. En aquel momento, Pablo era simplemente un padre amoroso celebrando el cumpleaños de su hija.

Manuela, una niña hermosa, de cabello oscuro y ojos brillantes, era claramente la princesa de su padre. Pablo la cargaba en brazos, le cumplía cada capricho, la miraba con adoración absoluta. María Victoria, su esposa, también estaba presente supervisando que todo saliera perfecto.

Era una mujer elegante y discreta que había elegido permanecer al lado de su esposo a pesar de conocer la naturaleza de sus negocios. Durante la fiesta sucedió algo que Rodrigo nunca olvidaría. Uno de los niños invitados, un pequeño de aproximadamente 5 años del barrio popular, se acercó tímidamente a Pablo y le dijo, “Señor Pablo, mi mamá dice que usted es como Robin Hood, que les quita a los ricos para darles a los pobres.

” Es verdad. Pablo se arrodilló para quedar a la altura del niño y le respondió con una sonrisa. Bueno, campeón, yo simplemente intento ayudar a las personas que lo necesitan, pero tú no te preocupes por esas cosas ahora. Hoy es un día para divertirse. ¿Ya probaste la torta? El niño asintió emocionado y corrió de vuelta con los otros niños.

Pablo se quedó pensativo por un momento, como reflexionando sobre su propia leyenda. Luego continuó con las celebraciones. A media tarde, Pablo reunió a todos los niños para el momento de abrir los regalos. Manuela recibió docenas de obsequios, muñecas importadas, bicicletas, ropa de diseñador, juguetes electrónicos, pero el regalo más especial vino al final. Pablo había mandado traer un pony blanco, un animal hermoso con crinosa.

Manuela gritó de emoción y abrazó a su padre con todas sus fuerzas. Gracias, papi. Es el mejor regalo del mundo. Pablo tenía lágrimas en los ojos. Para mi princesa, solo lo mejor. Pero entonces, en un gesto que sorprendió a todos, Manuela se acercó a los niños pobres que estaban en la fiesta y les dijo, “Todos pueden montar mi pony cuando quieran. Es para compartir.

” Pablo sonrió orgulloso. Su hija había aprendido la lección de generosidad. Mientras la fiesta continuaba, Rodrigo fue relevado brevemente para tomar un descanso. Se sentó bajo un árbol observando la escena. pensaba en la paradoja de todo aquello. Allí estaba Pablo Escobar, responsable de miles de muertes, de la adicción de millones, de la corrupción de instituciones enteras, pero también un padre amoroso, un esposo devoto, un benefactor de los pobres.

¿Cómo podían coexistir ambas realidades en la misma persona? Gustavo se sentó junto a él. Sé lo que estás pensando”, dijo el veterano. “Todos pasamos por eso cuando llevamos tiempo trabajando para el patrón. Ves su lado humano y te preguntas cómo puede ser la misma persona que ordena ejecuciones?” La verdad es que el patrón es complejo, como todos nosotros. La diferencia es que él opera en una escala mucho mayor.

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