Jej mąż zostawił ją z suchą plantacją kawy... Lata później jego kawa zdobywała nagrody...

El despulpado lo hacían a mano, separando la pulpa roja de las semillas verdes. Era trabajo tedioso y agotador. Sus manos quedaban manchadas del jugo rojo de las cerezas. Las semillas se lavaban en los tanques y luego se extendían sobre tarimas de madera para secarse al sol. Lucía las volteaba cada dos horas para asegurar un secado uniforme. “Tienes buen ojo”, comentó don Jacinto inspeccionando el café pergamino seco. El color es parejo, no hay moo, esto va a valer bien.

La cosecha duró cinco semanas intensas. Cada noche Lucía caía exhausta en su catre, pero su mente seguía trabajando, calculando, planificando. Cuando finalmente terminaron, tenía 2 toneladas y media de café pergamino seco y listo para vender. No era la cosecha completa que un café tal saludable podría dar, pero para árboles recién recuperados era excelente. ¿Dónde lo vas a vender? Preguntó Carmela cuando Lucía le contó sobre su producción. No lo sé todavía. ¿Quién compra café aquí? Los coyotes vienen y ofrecen 30 o 40 pesos el kilo.

Te roban, pero es rápido. Lucía negó con la cabeza. No he trabajado tanto para que me roben. Tiene que haber otra forma. Miguel le dio la respuesta dos días después. Mi primo trabaja en una cooperativa de café en Chalapa. Compran directo a productores. Buenos precios y la calidad es alta. ¿Cuánto pagan? Depende, pero para café de altura bien procesado, hasta 70 u 80 pesos el kilo. Lucía hizo cálculos. 2 toneladas y media eran 2500 kg a 70 pesos.

175,000 pesos. Era más dinero del que había visto en su vida. Puedes contactarlo. Una semana después, un hombre llamado Fernando Reyes llegó al cafetal en una camioneta blanca. Era el comprador de la cooperativa. Traía instrumentos para medir humedad y tamaño de grano. Lucía lo observó con el corazón acelerado mientras él examinaba muestras de su café. Fernando tomó puñados de semillas, las olió, las mordió, las sostuvo contra la luz. El silencio era insoportable. Finalmente, Fernando levantó la vista.

¿Dónde aprendiste a procesar café así? Lucía tragó saliva. Don Jacinto Méndez me enseñó. ¿Por qué está mal? Fernando negó con la cabeza lentamente. No está mal. Está perfecto. Este es café de altura de primera calidad. El grano es uniforme, el secado es excelente, no hay defectos visibles. Hizo una pausa. Te ofrezco 85 pesos el kilo por todo el lote. Lucía sintió que las piernas le flaqueaban. 85. Es lo máximo que puedo pagar sin aprobación de la junta, pero este café lo vale.

¿Cuánto tienes? 2 toneladas 500 kg. Fernando sacó una calculadora. 212,500es. Te doy un anticipo de 100,000 hoy mismo. El resto cuando lo recoja todo. Lucía tuvo que sentarse. 212,000 pesos por café que todos dijeron que nunca volvería a crecer. ¿Hay algo más? Continuó Fernando. Si tu producción se mantiene así de buena, la cooperativa estaría interesada en un contrato a largo plazo. Compra garantizada cada temporada. Cuando Fernando se marchó dejando un sobre con 100,000 pesos en efectivo, Lucía se quedó mirando el dinero como si fuera una ilusión que podría desvanecerse.

Don Jacinto, que había estado presente durante toda la negociación, se acercó y puso una mano en su hombro. Te lo mereces, muchacha, cada peso. Esa noche, Lucía no podía dormir. Tenía 100,000 pesos escondidos bajo su colchón. Era más dinero del que Roberto había ganado en un año entero de trabajo. Al día siguiente tomó decisiones importantes. Primero, pagó a todos sus trabajadores el resto de lo que les debía. Más un bono. Cada uno recibió 500 pesos extra.

¿Por qué nos das más? preguntó Esteban sorprendido. Porque trabajaron bien y porque los voy a necesitar de nuevo en 6 meses. Segundo, contrató a un albañil para reparar la cabaña. Techo nuevo, paredes reforzadas, ventanas con vidrio, un piso de cemento. Ya no vivirían en una chosa. Tercero y más importante, invirtió en el cafetal. Con la ayuda de Miguel compró tubería suficiente para llevar agua a las 30 haectáreas completas. Compró poda profesionales. Compró fertilizante orgánico. “Vas a reinvertir todo,”, observó don Jacinto viendo sus planes.

“No todo,”, respondió Lucía, “pero la mayoría, este cafetal puede dar mucho más. Los árboles están recuperándose, pero necesitan nutrientes. Cuidado constante. Para diciembre el cafetal se había transformado completamente. Los 30,000 cafetos, antes esqueletos secos, ahora formaban un mar verde que cubría las laderas. El sistema de riego funcionaba perfectamente. Las malas hierbas habían sido controladas y algo más había cambiado. La gente del pueblo ya no miraba a Lucía con lástima, la miraban con respeto. Escuchaste que rechazó la oferta de don Rodrigo.

Le ofreció 50,000 pesos por el cafetal. Ella dijo que no. Esa mujer sabe lo que tiene. Don Rodrigo era el finquero más rico de la región. había intentado comprar el café tal cuando se corrió la voz de que Lucía estaba produciendo café de calidad. Le había ofrecido 50,000, luego 75,000, finalmente 100,000es. Lucía rechazó todas las ofertas. ¿Por qué no vendes?, le preguntó Carmela. 100,000 pesos es mucho dinero. ¿Podrías comprar una casa en el pueblo? Empezar de nuevo.

Lucía miró por la ventana de la tienda hacia las montañas. donde estaba su cafetal, porque ese lugar ya no es donde me abandonaron para morir. Es mi hogar, es mi futuro. Es la prueba de que puedo hacer lo que todos dijeron que era imposible. Enero, cuando llegó la temporada de poda, Lucía contrató a cinco trabajadores permanentes, ya no solo para la cosecha, sino para el mantenimiento constante del cafetal. Entre ellos estaba Miguel, quien dejó su propia parcela pequeña para trabajar con ella como capataz.

“Pagas mejor y el café es mejor”, le dijo simplemente. “No soy tonto.” Con un equipo estable, Lucía pudo implementar todo lo que había aprendido. Pod selectiva para mantener los árboles saludables, control de plagas orgánico, fertilización programada. Don Jacinto visitaba menos ahora. Sus huesos viejos ya no podían con la subida a la montaña, pero seguía siendo su consejero. Hay algo que debes considerar, le dijo una tarde. Tu café es bueno, mejor que bueno, pero estás vendiendo café pergamino.

Si aprendes a tostarlo, a crear tu propia marca, podrías multiplicar tus ganancias por tres o cuatro. No sé nada de tostar café, pero puedes aprender como aprendiste todo lo demás. La idea germinó en la mente de Lucía, Café con su propia marca. Ya no solo productor, sino procesador y vendedor. En marzo compró un tostador pequeño y usado en Veracruz. Costó 15,000 pesos que salieron de sus ahorros crecientes. Lo instaló en un cuarto que construyó especialmente para eso.

Aprender a tostar fue más difícil que aprender a cultivar. El punto exacto de tueste, la temperatura, el tiempo, todo tenía que ser perfecto. Sus primeros intentos fueron desastres, café quemado, café crudo, café amargo. Pero Lucía no se rendía, nunca lo hacía. Experimentó durante semanas. Tomaba notas detalladas de cada lote. Probaba diferentes temperaturas, diferentes tiempos, hasta que una mañana el café salió perfecto. Color caramelo oscuro, aroma a chocolate y nueces, sabor balanceado sin amargor. Esto es lo que buscaba.

Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.